La fantasía del control.

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“Buscar tener el control de todo”: bien podría ser el nombre de un futuro best seller. Controla tu mente, controla tu cuerpo, controla a tus empleados, controla todas las situaciones posibles, controla tus respuestas, controla la respuesta de los otros, controla lo que comes, controla cómo respiras, controla tus ganas, controla tus emociones, controla…

La lista parece interminable. Controlar, una de las trampas en las que estamos metidos los seres humanos. Buscamos tener el control como la panacea de la seguridad. Buscamos hacer dentro de lo conocido, buscamos que nada se salga de nuestros límites “controlados”.

La famosa seguridad que nos da el control parece entonces la que decide todo. En pos de ella vivimos ceñidos a una estructura que nos está enfermando cada vez más y que no nos permite conectar verdaderamente con lo que nos sucede.

Será posible, me pregunto, controlarlo todo?

Se puede controlar el amor? Y la alegría? Nuestra libertad, también se controla?

Qué nos pasa cuando las cosas que suceden no eran las esperadas? Perdemos el control!

Solemos hablar de nuestros días como si fuésemos eficientes controles remotos que tienen todo… bajo control.

El control, la idea de que todo sea siempre de la misma forma, no existe. Los cambios son inevitables, los movimientos suceden, queramos o no.

La búsqueda incansable del control tiene estrecha relación con el miedo a los cambios: pretendemos crear una burbuja donde todo permanezca tal cual lo planeamos y eso, genera mucha frustración y también resentimiento. El plan, generalmente, no sucede tal cual lo planeamos.

Resistimos con todas nuestras fuerzas y al final, quedamos agotados y solos. Porque la soledad es otro de los resultados que conseguimos. Nadie quiere compartir la vida con alguien que ya diseñó hasta cómo deben ser sus amigos.

La flexibilidad, palabra casi relegada a los gimnástico o a la elongación de las personas, también aplica para nuestra forma de pensar y entender el mundo.

Ser flexible no es ser tibio. Ser flexible requiere de mucha conciencia sobre lo que es importante para cada persona.

En palabras de Humberto Maturana “lo único que permanece es el cambio”. Aprender a vivir con esa cuota de incertidumbre nos da posibilidad de vivir más plenamente en el presente, comprendiendo y conectando con lo que sucede, esté previsto o no.

Entender que hay cosas que no podremos controlar nos da un repiro para poder hacer más efectivamente sobre aquellas que sí están en nuestro campo de acción.

Desafiarnos a buscar esa flexibilidad nos permitirá entonces, disfrutar. Y algo más, sorprendernos.

No digo que no planifiquemos, simplemente sepamos que dentro de ese plan, hay cosas que pueden salir de otra manera. Amigarse con esa idea también nos dará libertad.

Soltar la idea de controlar todo, soltar la certeza de que las cosas deben ser como las imaginamos, poder hacer con lo que hay y no con lo que creíamos que habría… ahí radica el gran desafío de nuestro tiempo.

2018-03-13T13:51:06+00:00